Contaminación de los recursos hídricos

La contaminación atmosférica producida por las plantas industriales y las emisiones de los vehículos provoca una deposición seca y húmeda.

Esto fomenta el desarrollo de unas condiciones de acidez en las aguas superficiales y subterráneas, a la vez que conlleva la destrucción de los ecosistemas. Las deposiciones ácidas dañan la calidad del agua de lagos y arroyos ya que reducen sus niveles de pH (es decir, aumentan su acidez), afectan a su capacidad de neutralizar los ácidos y aumentan sus concentraciones de aluminio.

Las grandes concentraciones de aluminio, unidas al aumento de la acidez, reducen la diversidad de especies y la abundancia de vida acuática en muchos lagos y arroyos. Mientras que en la actualidad la atención se centra en los peces, a menudo son cadenasalimentarias enteras las que sufren estos efectos negativos. A pesar de los avances realizados en este sentido, ésta sigue siendo una situación crítica que afecta a los recursos hídricos y a los ecosistemas de regiones desarrolladas de Europa y Norteamérica.

Esta situación continúa siendo un problema serio en muchos países en vías de desarrollo, por ejemplo en China, India, Corea, México, Sudáfrica y Vietnam, donde generalmente se ejerce un menor control sobre las emisiones y donde los sistemas de vigilancia y evaluación no son los adecuados (Bashkin y Radojevic, 2001).

Conscientes de ello, el PNUMA y el Instituto Medioambiental de Estocolmo, están impulsando programas como el RAPIDC (Rápida Contaminación Atmosférica en Países en Vías de Desarrollo), con el objetivo de identificar las causas y las zonas de riesgo, y también de medir los niveles de lluvia ácida. El Banco Asiático de Desarrollo está destinando gran parte de sus fondos a reducir los orígenes de este problema en muchos países asiáticos.

La lluvia ácida tiene importantes implicaciones transfronterizas, ya que puede recorrer largas distancias desde las zonas contaminadas hasta llegar a otros países. Por ejemplo, Japón resulta afectado por las emisiones de Corea y China, mientras que Canadá recibe, además de las suyas emisiones procedentes de EE. UU. Driscoll et al. (2001) señalan que aún existen factores que influyen sobre la calidad del agua en el nordeste de los EE. UU. y en el este de Canadá, a pesar de las medidas desarrolladas tras la aprobación de la Clean Air Act (Ley del aire limpio) y de sus enmiendas (1992).

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