El Libro Blanco del Agua en España

La naturaleza hidrológica y ambiental del problema de las sequías

La sequía constituye un fenómeno hidrológico extremo para cuya definición no existe un acuerdo generalizado entre los diversos especialistas.

Suele caracterizarse en términos de precipitación o de aportación fluvial en determinados periodos de tiempo, o en función de las reservas almacenadas en embalses y las demandas asociadas a las mismas, con las evidentes limitaciones de todas estas interpretaciones.

A pesar de los problemas de sequía que se sufren en España, su estudio no ha sido abordado con la profundidad necesaria y, por ejemplo, no se dispone de una caracterización suficientemente precisa de las principales sequías históricas acaecidas.

La elevada capacidad de embalse existente en España permite superar secuencias secas inferiores al año sin que se produzcan problemas hídricos, por lo que habitualmente se entiende como una situación de sequía la debida a una persistencia de valores bajos de precipitación de varios años consecutivos. En otros países de nuestro entorno, donde la climatología es más regular e incluso donde los recursos son más abundantes, pero que sin embargo tienen una escasa capacidad de regulación, una sequía puede producirse con una secuencia de meses de precipitaciones anómalamente bajas. Este contraste ilustra sobre la dificultad existente para definir el concepto de sequía.

Las escasas lluvias que tuvieron lugar a principios de los noventa en España produjeron reducciones muy significativas en las escorrentías, superiores al 60% en las cuencas del Tajo, Guadiana, Guadalquivir, Sur y Canarias, y un descenso espectacular en las reservas almacenadas en los embalses. Esto afectó adversamente a los ecosistemas acuáticos y al paisaje en muchas de las regiones españolas (ríos secos, impacto en los ecosistemas, deterioro de la calidad de las aguas, etc.), convirtiéndose no sólo en un problema de escasez de recursos, sino en un problema ambiental de primera magnitud.

Necesidad de establecer planes de emergencia e indicadores de alerta
En la mayoría de los casos, durante la última sequía no se llevaron a cabo planes específicamente diseñados para este tipo de situaciones de emergencia, sino que las distintas actuaciones se fueron ideando y ejecutando -por cada una de las Confederaciones- a medida que la sequía se prolongaba y sus efectos se manifestaban más severamente. Las actuaciones más comunes, además de la imposición anticipada de restricciones y los procedimientos especiales de intercambio entre usuarios, consistieron en la realización de obras de conexión entre cuencas, la localización y explotación de nuevos recursos subterráneos y el aprovechamiento de recursos no convencionales.

La experiencia de esta sequía también indica que, en general, fue detectada demasiado tarde, lo que llevó a la adopción de medidas de emergencia que sólo solucionaron problemas muy concretos.

A la luz de esta experiencia, se considera absolutamente recomendable el establecimiento de un sistema eficaz de detección de situaciones de sequía que permita activar, con suficiente antelación, los planes de explotación prefijados para estas situaciones de emergencia.

Esta identificación anticipada de las sequías lleva consigo la necesidad de desarrollar indicadores de alerta basados en la información habitualmente disponible (precipitación de los últimos periodos, reservas almacenadas en los embalses, niveles piezométricos en los acuíferos, etc.) de forma que pudieran ser periódicamente calculados con el fin de señalar el posible comienzo de una sequía o identificar su fase de desarrollo.

Fuente: Libro Blanco del Agua en España

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