El Agua en el Planeta IV

Ríos y arroyos

Una cantidad estimada de 263 cuencas fluviales internacionales tienen zonas de drenaje que cubren cerca del 45% (231 millones de km2) de la superficie terrestre, sin incluir las regiones polares (Wolf et al., 2002).

Las veinte mayores cuencas fluviales del mundo, distribuidas a lo largo de todos los continentes, tienen cuencas que oscilan entre 1 y 6 millones de km2. Se estima que el volumen total de agua almacenada en ríos y arroyos es de 2.120 km3 aproximadamente. El Amazonas transporta el 15% del total del agua que regresa a los océanos, mientras que la cuenca del Congo-Zaire contiene el 33% del caudal fluvial de África (Shiklomanov y Rodda, 2003)3.

La variabilidad de la escorrentía se muestra a través de flujos comparativos de ríos o arroyos en gráficos temporales (hidrogramas). En cuanto a la variabilidad, la Figura 4.4 (Digout, 2002) ilustra los tres períodos de mayor y menor escorrentía del siglo XX, reflejando las fluctuaciones naturales de la escorrentía de los ríos en función del tiempo y del lugar. Este tipo de fluctuaciones periódicas no son fácilmente predecibles, ya que se producen con una frecuencia y duración irregular. Por otro lado, podemos predecir la variabilidad de la escorrentía con carácter anual o estacional a partir de las mediciones llevadas a cabo en distintos puntos de los ríos. En la Figura 4.5 se pueden observar los gráficos del caudal fluvial de las principales regiones climáticas (Stahl y Hisdal, 2004). En este gráfico se muestran las precipitaciones y la evaporación mensual, que representan la variabilidad anual relativamente predecible y similar según las principales regiones climáticas del mundo. Desde el punto de vista de la zona climática, las regiones tropicales muestran normalmente un mayor volumen de escorrentía, mientras que las regiones áridas y semiáridas, que suponen alrededor del 40% de la superficie terrestre mundial, tienen sólo el 2% del volumen total de escorrentía (Gleick, 1993).

Las redes de seguimiento del caudal fluvial y del nivel del agua en ríos, embalses y lagos, unidos a las estimaciones realizadas para las regiones donde no existe un amplio seguimiento, facilitan la comprensión de la escorrentía y evalúan cómo predecir su variabilidad. Las redes de medición están relativamente extendidas en muchas zonas desarrolladas y habitadas. La mayor parte de las

zonas de drenaje de mayor contribución a nivel mundial poseen redes de vigilancia relativamente adecuadas. Bajo los auspicios de la OMM, el Centro Mundial de Datos sobre Escorrentía (CMDE, Coblenza, Alemania) adquiere, almacena, distribuye gratuitamente e informa regularmente sobre los datos de descarga de los ríos gracias a una red de 7.222 puntos de observación, de los cuales cerca de 4.750 ofrecen datos diarios, y 5.580 suministran datos mensuales (CMDE, 2005; Mapa 4.1). Otros programas internacionales, como el Archivo Europeo del Agua (Rees y Demuth, 2000) y los centros nacionales de datos complementan esta información (no se incluyen los datos de las instituciones privadas). Cuanto más largo sea el registro del flujo, mejor podremos predecir la variabilidad de la escorrentía, datos especialmente importantes en el ámbito de la predicción de inundaciones, la generación de energía hidroeléctrica y los estudios sobre el cambio climático. Los datos de escorrentía varían enormemente en cuanto a su calidad e idoneidad. Mientras que algunos datos tienen una antigüedad de hasta 200 años en Europa y entre 100 y 150 años en otros continentes, en muchos países en vías de desarrollo los datos son generalmente insuficientes en cuanto al tiempo y la calidad como para poder llevar a cabo una evaluación fiable de sus recursos hídricos o el diseño de un proyecto rentable. Como resultado de ello, en estas regiones rara vez se recopilan o distribuyen datos de manera efectiva a escala global (OMM, 2005).

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