El ser humano influye en la calidad de las aguas subterráneas

La protección de las fuentes de aguas subterráneas se está convirtiendo en motivo de creciente preocupación mundial, tal y como se refleja en la directiva de la Comisión Europea, que se centra más en la prevención que en la limpieza de la contaminación (CE, 2003).

La incidencia de la contaminación de las aguas subterráneas por la acción del ser humano sigue siendo alta, en particular en los países en vías de desarrollo. Zektser y Everett (2004) explican su influencia sobre la degradación de la calidad del agua. La urbanización, el desarrollo industrial, las actividades agrícolas y las empresas mineras de la mayoría de los países son responsables de la contaminación de las aguas subterráneas alrededor del mundo.

El documento de referencia que se puede consultar en línea del Banco Mundial, la GWP (Asociación Mundial para el Agua), la OMS y la UNESCO (Foster et al. 2002) concluye que “resulta ya evidente la amenaza cada vez mayor a la que se ven sometidas las aguas subterráneas por la contaminación y existen ejemplos bien documentados del daño irreversible provocado a importantes acuíferos, tras muchos años de negligencia generalizada de las políticas públicas”.
Este documento se complementa con una serie de recomendaciones que conforman el informe publicado conjuntamente en el 2003 por FAO, ONU, DAES, OIEA y UNESCO, en el que se abordaban directamente los cambios universales necesarios en la gestión de las aguas subterráneas (2003b) para alcanzar un desarrollo y un uso sostenibles del agua.

La contaminación de las aguas subterráneas y la de las aguas superficiales se diferencia notablemente en cuanto a las acciones y los componentes que la causan. Además, los mecanismos de control sobre la movilidad y persistencia de los contaminantes son totalmente diferentes en los dos sistemas hídricos.

Foster y Kemper (2004), PNUMA (2003), FAO (2003b) y Burke y Moench (2000) señalan que la gestión de las aguas subterráneas generalmente implica la aplicación de una amplia serie de instrumentos y medidas (acciones y sanciones técnicas, procesales, incentivas, legales y coercitivas, y campañas de sensibilización) para proteger unos recursos que no están tan a la vista como las masas de aguas superficiales.

Elaboración de mapas de vulnerabilidad de las aguas subterráneas

Las aguas subterráneas son menos vulnerables a la acción del ser humano que las aguas superficiales. No obstante, una vez que resultan contaminadas, su limpieza (remediación) lleva relativamente mucho tiempo (años), requiere unas técnicas exigentes y puede resultar mucho más costosa. A pesar de que esto es ya sabido desde hace varias décadas (Vrba, 1985), este importante mensaje nunca ha llegado a arraigar de forma adecuada o duradera en los responsables de formular políticas ni en el público.

Con el fin de salvar esta brecha, se están desarrollando métodos de evaluación de la vulnerabilidad de las aguas subterráneas. Estos nuevos “mapas de vulnerabilidad” ya se habían aplicado con anterioridad a otros riesgos, como las inundaciones y los corrimientos de tierras, y en la actualidad pueden representar una contribución a los recursos hídricos y a los planes de ordenación de los usos del suelo (Vrba y Zaporozek, 1994).

Los resultados de dichos estudios son fundamentales en aquellas zonas en las que los acuíferos suponen una fuente de abastecimiento de agua y son dependientes de un ecosistema en situación de riesgo. Unidos a otras aportaciones medioambientales han demostrado ser unos instrumentos eficaces a la hora de regular, gestionar y tomar decisiones relacionadas con los impactos originados por el cambio en la utilización actual o futura del suelo, los ecosistemas y las fuentes de abastecimiento de agua.

Los mapas a gran escala de vulnerabilidad de las aguas subterráneas (por ejemplo, Francia, Alemania, España, Italia, la República Checa, Polonia, Rusia y Australia) sirven de directrices para la acotación de los usos del suelo a nivel nacional o regional.

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